
Por Ricardo Raphael
En principio resulta injusto, para con la inteligencia propia, colocar como razón del fracaso educativo a una sola persona, así sea ésta la más poderosa del aparato docente nacional. Sin embargo, fue este personaje público quien obtuvo para sí un asiento privilegiado dentro del argumento de la catástrofe. Durante los últimos veintidós años de historia, con acucioso esfuerzo Elba Esther Gordillo se ha promovido como la gran decididora, el factor determinante, la última instancia de la educación en México. Ella no soporta pasar desapercibida. Acaso sea éste el más craso de sus errores políticos.

El secretario Lujambio y el presidente Calderón tienen en sus manos la facultad de modificar “el problema de incentivos relacionados con el magisterio”, fomentar la calidad educativa y la participación de los padres de familia al derogar los decretos de 1946 y 1973 y sustituirlos por una nueva relación laboral transparente, democrática y alejada del acuerdo político corporativo que actualmente tiene sometida a la educación en nuestro país y que limita el involucramiento de la sociedad en la gestión escolar.
¿Por qué algunos maestros no quieren que los evalúen? http://t.co/fs4IszPx < video de @EduDebate ccp @BlancaHerediaR
about 4 hours ago
@edgarinlopez Oiga, sería muy bueno contar con alguna foto ¡saludos!
about 10 hours ago
RT @jmazpiroz: Muy, muy, muy recomendable texto "Por la educación, las reglas deben cambiar". http://t.co/RXLNw2FR (via @ArenaElectoral)
about 10 hours ago
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